martes, 6 de noviembre de 2007

CAMILA RIQUELME

SIN TÍTULO

Los anteojos verdi-naranja tornasolados sobre la mesita de noche reflejan la circunstancia, matizan el asco en la comisura de los labios, una mueca rizada. Oblicuan un tanto la escenografía y a la debutante con sus pelos puntiagudos, eléctrica, siniestra, estática, colapsada, que intenta canalizar las ansias. Cada pieza, de un cuerpo frío y compacto, se tensa en la oleada de recuerdos recientemente procesados, aliñados y condimentados. Los dedos de su mano derecha tamborilean al compás de los murmullos rumiados entre soplidos a través de sus dientes y se mezclan con el humo del cigarrillo.

No, no es una niña, tampoco una mujer, vacila entre seducción y desafío, se conmueve pensando en sí misma como un error del destino, el de alguien más.
Las decisiones no son su fuerte, pero están ahí golpeando a su puerta, ofreciendo tentativa, la una o la otra, las recibe con cautela, las hace pasar, té con galletas, ¿tres de azúcar?, las invita a conversar quizás podrían llegar a algún acuerdo, el gris no es mal color para los que despiertan en zona costera.
No ha escogido a ninguna, esta tarde no desea compañía, no una más, fue echada a patadas por las manecillas del reloj, la hora apremiaba, de nada valieron protestas u objeciones. El camino era uno solo y del umbral hacia fuera. Paraguas en mano, uno, dos y tres, cuatro cinco seis, el semáforo la invitaba cordialmente a seguir el rumbo, nada, nada se lo impediría, mira con cautela por sobre el sombreado de las gafas y luego esconde su nariz en el impermeable, las manos a los bolsillos, camina dejando a tras el clip clap de los taconazos en el cemento, veloz, para alcanzar el poco de valentía que se le esconde, cinco cuadras más, solo cinco cuadras más, pero no puede, una duda clava su pose, acentúa la gravedad, se detiene, pero no es momento de revelaciones, ni de tolerar encaprichamientos del subconsciente porque el episodio de esta tarde ya fue decidido, así que sin siquiera desearlo los árboles, coches, edificios, tiendas, carritos de maní, postes de luz, alguno que otro perro vago, señales de transito y peatones varios que forman parte del montaje en derredor suben sus faldas y rápidamente comienzan a avanzar.

Después del remolino manipulador de azares separa los párpados apretados y encuentra su figura, frente a frente como la ha visto por cientos de días, alta, meditabunda, imponente, su silueta curva, prominente, y la mirada extraviada a propósito procurando conservar la tensión hasta el último segundo, simula no verla, simulan no verse. Se acercan con prudencia y los corazones a vivo galope, la tensión endurece la musculatura de sus piernas y resquebraja sus caretas por un segundo, por fin se deciden a dar el único paso faltante, en él han decidido hasta el último segundo de sus vidas. Malditas, infernales, sórdidas, obscenas, lúgubres, groseras, desafiantes, turbias parias de la sociedad. Sin más que pensar estrechan sus labios y se saludan con el abrazo propio de quienes no se han visto por mucho tiempo...aunque este no fuera el caso. . .

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Camila:
No entendí mucho el texto, de qué o de quien hablaba, me parece que no tiene ni principio ni final.
Además, me di cuenta que tiene demasiadas comas y muchos sinónimos que podrías reunir en una sola palabra con la que más ganara tu texto.
Está muy confuso, podrías darle mayor definición, más síntesis, y ser un poco más revelador.

saludos, Maritza, taller eden y lujuria

Unknown dijo...

Hola, creo que de tu narración no pude concluir muchas cosas.
Siento que le falto algo mas duro para sostener la historia y no dejarla simplemente en descripción de sensaciones o el entorno espacial.
Hubo fragmentos que me gustaron mucho, eso es destacable y le otorgó un rico estilo.

Saludos y nos vemos.
Carla.

Camila Varas Brash dijo...

Camila:

Al parecer no se ha entendido bien el texto, porque la historia narrada, el tema que abordas, me parece bueno. Comprendí el relato y me emocionó la sutiliza y suavidad con que lo trataste.

Coincido con que hay demasiada descripción lo que vuelve (como ya hemos dicho) lento el relato ((como la literatura de Flaubert)). Cuida esto, Camila, porque las narraciones tuyas que he leído tratan temas interesantes, pero puede suceder que con tanta descripción, confundas a los lectores y no entiendan. Como ahora.
Otro punto: no tanta adjetivación. Hablamos de eso cuando criticamos "La vida que escribo".
Además cuida la utilización de comas. Usas muchas donde no deben ir y en el lugar en que son necesarias no están. Y por último échale un vistazo a la ortografía. Omitiste unos cuantos tildes.

Finalmente deseo rescatar tu fineza al narrar y la femineidad con que abordas el amor entre ellas.

Saludos

francisco javier parra núñez dijo...

No estoy de acuerdo para nada con los comentarios anteriores. El exceso de descripción no cansa, enriquece el texto. Respecto a lo de los párrafos largos, interminables, agotadores, eternos, envolventes, son muy difíciles de lograr, y creo que tu lo haces en este trabajo. En cuanto a la idea, me parece bien trabajada, porque hasta el final crei estar leyendo un estracto de algo que sólo tomó forma en ese momento. Lo que si es claro es que hay algunas comas que faltan, no que sobran, ya que las que parecen sobrar pueden reemplazarse por puntos, pero esa es una cuestión de gusto. Es un muy buen trabajo
Saludos

Anónimo dijo...

La descripción en un texto, en sí misma, si está BIEN hecha no cansa, pero...¿¿¿QUE PASA CON UN EXCESO DE DESCRIPCION MAL LOGRADOS,ACASO NO CANSA???...Pregúntenle al Director del Taller porque es muy importante que lo tengan BIEN claro.
Hay problemas de puntuación que deben ser corregidos para que el texto fluya en su lectura.
No es un texto latero.

Marisol Montero

Anónimo dijo...

Camila:

Siento que tu texto resulta demasiado largo y que los últimos párrafos tienen el fuerte del contenido. Tal vez deberías eliminar las otras partes y quedarte con esas últimas. Aún cuando no me queda muy claro cuál es el tema que tratas. Malutae